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Por Carlos Lara.- A 30 días de las primarias abiertas y simultáneas del PLD el ex presidente Leonel Fernández aventajaba a Gonzalo Castillo 57.06% contra 38.82% entre quienes afirmaban tener intención de votar en los referidos comicios internos del partido morado en La Vega. Aquellos que verdaderamente saben de estadística y política eran conscientes de que una remontada de tales proporciones sería un acontecimiento cuanto menos épico.

Pero aquellos que llevan por nombre Julio César parecen tener algún designio en su descomunal capacidad para enfrentar las situaciones más adversas y alzarse con la victoria, lo que pasó en La Vega no fue para menos, pues para el danilismo vencer a Leonel en La Vega era ciertamente equiparable a la conquista Galia de Cayo Julio César con sus legiones romanas.

Sin embargo, así como el senado de Roma confió en el mejor de sus comandantes, el presidente Danilo Medina depositó su confianza en Julio César Correa. Correa pudo jugar un rol particular, trabajar para una causa personal suya, aspirar a un cargo de elección popular que ganaría con cierta comodidad, sin embargo, decidió asumir la causa del danilismo y cargó sobre sus hombros una campaña que terminó siendo una de las remontadas más históricas y fulgurantes jamás vista en la política vernácula.

Correa no solo consiguió que Gonzalo Castillo remontara 18 puntos, sino que terminara 14 puntos porcentuales sobre Leonel, totalizando un 56,21% contra 43,79% en la provincia de La Vega, pero ¿Cómo lo consiguió?

Julio César Correa comprendió que en ese momento puntual el mayor fuerte del danilismo eran las candidaturas locales, así que el primer gran esfuerzo fue fortalecer estas candidaturas. Esta estrategia consolidó su bloque y el danilismo arrasó en todos los rubros donde se compitió: ganaron sus regidores, sus diputados, su senador, sus directores distritales, los vocales y en el municipio de La Vega los dos candidatos a alcalde que promovieron (Mario y Bolívar) fueron los más votados. Correa apostó a construir esta zapata fuerte con las candidaturas locales y una vez la maquinaría estuviese engrasada y “tirada en la calle” montar sobre ella la candidatura de Gonzalo Castillo.

Cuando esta maquinaria local se lanzó en favor de atraer los votos para Gonzalo Castillo, el sector Leonel solo miraba el calendario y rezaba para que raudos y veloces pasaran los días, pues estos candidatos locales danilistas focalizaron sus esfuerzos en paralelo: por un lado, trabajaban sus candidaturas y con el mismo entusiasmo, por el otro lado promovían a Castillo.

Otra estrategia que le resultó determinante a Correa fue la integración de sectores vivos de la sociedad que tradicionalmente no suelen relacionarse con el activismo político, él intuyó que era posible agenciarse estos apoyos, que era posible trabajar en temas donde podrían hacer causa común, y aunque en su momento pudiera verse como una estrategia que daría poco resultado, finalmente acertó y fue uno de los elementos que al final de la jornada les ayudó a construir una nueva mayoría, plural y participativa.

En cuanto a la estrategia electoral, una vez realizado el trabajo de campo y asegurado el apoyo de las mayorías, había que materializar eso en las urnas. Correa conocía bien y de antemano los equipos de cada candidato danilista que estarían trabajando en los centros de votación, sin embargo, para reforzar la participación de sus seguidores decidió implementar una maquinaria paralela, al margen de los intereses particulares que podían tener sus candidatos en las posiciones donde el danilismo presentaba varios candidatos, como diputados, alcaldes, etc. Es decir, en cada centro convivían múltiples equipos de trabajo: los equipos de los precandidatos y el equipo de la corriente (y no eran elementos reciclados).

Después del 6 de octubre, al menos en La Vega, con los números en mano y las proyecciones correspondientes, el leonelismo terminó reducido a poca cosa. No solo Leonel fue vencido, sino que sus liderazgos locales fueron exterminados por la maquinaria danilista.

Parafraseando la frase que usara Sir. Isaac Newton en una carta dirigida a Robert Hooke, podemos aseverar que es de justicia reconocer que el triunfo del danilismo en todas las posiciones electivas en La Vega estuvo cargado sobre los hombros de un gigante: Julio César Correa.

Autor: Carlos Lara