Danilo Medina, un presidente de carne y hueso

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En República Dominicana los presidentes se erigían como semidioses, famosa era la frase “lo más cercano a Dios es el presidente”. En este ejercicio de conducción faraónica, el empalme entre los mandatarios y el sentimiento de la gente habíase solventado siempre a través de las interpretaciones condicionadas por interlocutores e intermediarios, quienes construían en la mente del gobernante de turno ideas a imagen y semejanza de sus intereses. El presidente, entonces, sabía exclusivamente lo que se le decía, conocía solo lo que se le contaba, entendía únicamente lo que se le explicaba.

Esta apatía produjo un déficit de atención a problemas neurálgicos, que por décadas se acumularon como rocas, hasta hacer la carga tan pesada, que se prefirió hacerse de la vista gorda antes que brindar un hombro para cargarla.

Las familias sacrificaban lo indecible, partiéndose el lomo para que sus hijos vayan a la universidad y traigan un título bajo el brazo, pero el hijo de Cheo y Marola, ingeniero recién graduado y sin padrino, jamás tendría la oportunidad de ejercer su oficio, más allá de ayudar a su tío en el levantamiento de alguna empalizada, pues ese estado que le decía que “hay que estudiar para progresar” se encargaría, sin remordimientos, de adjudicarle todas las contratas a  dos o tres grandes empresas.

Danilo Medina Sánchez es un presidente de carne y hueso, no tiene ínfulas de sultán, acabó hasta con el viejo ritual de cargar de un lado para otro la silla presidencial -hasta en helicóptero-, hasta el punto que ya es cotidiano verle arrellanado en la más humilde de las sillas en los más recóndito de los campos del país, pero esto no es una pose para la foto “de la campaña”, más de 230 visitas sorpresas lo atestiguan. Por eso, Danilo sabe lo que ve, no lo que le dicen; conoce lo que le comenta la gente cara a cara, no lo que le cuentan; y entiende lo que de ello puede analizar, no lo que otros le explican.

Ahora los hijos de los Cheos y las Marolas son miles de ingenieros que se benefician de los sorteos de las obras que construye el estado, un sorteo que no mira padrinos, apellidos ni filiaciones políticas, y junto con ellos miles de pequeños ferreteros, ebanistas, plomeros, electricistas y un largo etcétera participan de la democratización del estado.

Ing. Félix Lantigua, Autor de esta columna

Generamos un terrible déficit de viviendas a la vista de todos, pero nadie asumía la visión y gallardía de construir una Ciudad Juan Bosch, al mismo tiempo que se miraba hacia otro lado para no ver de frente las condiciones de insalubridad y el peligro de que el río Ozama se tragara a los moradores que habitaban su ribera, antes que levantar La Nueva Barquita o tener el coraje de enfrentarse al mayor problema social y ambiental que ha tenido La Vega en toda su historia y darle solución una definitiva como se hizo con el Parque Lineal El Riíto.

Las madres, sobre todo esas solteras imposibilitadas para trabajar, debían de cuidar a sus hijos, pero al no disponer de tiempo para trabajar ¿Cómo podían obtener los recursos para alimentarlos?  Hoy estos niños son protegidos por un estado que les provee jornadas de tanta extendida y garantiza su alimentación.

El presidente se encuentra inmerso en la solución de estos problemas vitales que jamás fueron escuchados ni atendidos, y la lista es larga: 911, democratización del crédito, seguridad vial, seguro de salud, etc.

No es a Danilo Medina a quien se le debe dar una nueva oportunidad, a quien debemos darle una nueva oportunidad es al pueblo, al dominicano común, para que sea su decisión la que trace el camino que debe seguir el país, que prevalezca el interés colectivo sobre el de cualquier grupo particular, porque vivimos un proceso de transformación verdadero cuyo quiebre afectaría, sobre todo, a los más desposeídos, a los descamisados, a los hijos de Cheo y Marola.

Autor: Félix Lantigua