De Marco Polo a Danilo Medina

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En el medievo, el mercader y viajero veneciano Marco Polo entró en los anales de la historia como una celebridad a la sazón de sus increíbles relatos de viajes hacia el Asia Oriental. La motivación de Polo, narrada en el Libro de las maravillas o Libro del millón, fue estrictamente comercial. Sin embargo, estos relatos fueron la principal fuente de motivación e inspiración para Cristóbal Colón, quien siempre llevaba consigo un ejemplar, como su gran amuleto.

Han pasado más de 700 años desde que Polo quedara maravillado con China, pero aquel gigante continúa impresionando a sus visitantes con su enorme potencial comercial.

Así como el viaje de Marco Polo marcó un hito en la vieja Europa, el recién concluido viaje del presidente dominicano Danilo Medina tendrá sus frutos y la historia habrá de reservarle algunas de sus páginas más doradas.

Cuando el presidente Medina pide en tierras chinas “equilibrar la balanza comercial” nos retrae al carácter cauteloso del Libro de las maravillas cuando pondera recomendaciones sobre productos, mercancías y previsiones que el negociante debe de tomar. El presidente Medina sabe que China puede ser un gran socio comercial, pero también es conocedor de lo voraz que puede llegar a ser, por eso tiene entre ceja y ceja propiciar una relación de equilibro, con beneficio para ambas partes, donde República Dominicana no termine reducida a un valor de locación geográfica, sino que pueda aprovechar para introducirse en el mercado más grande y pujante que la humanidad haya conocido.

Para atraer esos capitales hace falta confianza. Así que Medina aprovechó el encuentro con empresarios dominicanos y chinos para acentuar que la constitución de 2010 “reconoce la igualdad de trato para los inversores extranjeros y los nacionales y amplió sus garantías con respecto a los derechos de propiedad”, a la vez que promovió la ventanilla única de inversión, pues había que dejarle claros que pueden venir con tranquilidad a invertir, que “no se la pondremos en China”.

En los tiempos de Polo, la Ruta de la seda era la puerta al oriente para llevar a Europa los productos más preciados, porque solo los chinos conocían el secreto de su fabricación: telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, porcelana, vidrio, etc. El problema es que era un viaje muy largo, una travesía de años. Hoy día sigue siendo un problema, aunque en tiempo esa distancia se reduce a horas, continúa siendo un larguísimo viaje en avión, así que tenemos un gran reto por delante, debemos de darle razones de sobra a los chinos para que se desplacen y nos consideren como un destino turístico factible.

El primer paso para alcanzar esta factibilidad es romper la barrera del lenguaje, el ministro administrativo de la presidencia José Ramón Peralta apuntó que ya los dos países arribaron a acuerdos para la enseñanza del mandarín en República Dominicana.

China es un país muy poblado, tan poblado que su población es 140 veces la nuestra. Cualquier producto local que se abra paso en un nicho chino impactará con notoriedad en la economía, es por ello que se ha visto con buenos ojos las gestiones que se realizaran en la reciente visita del presidente a China en relación a la promoción de los productos del agro, como la yuca, la piña, el cacao y sobretodo el tabaco.

Este Libro de las maravillas nuestro con China apenas acaba de comenzar, tan solo vamos por las primeras páginas. Es cierto que debemos ser cautelosos, pero no por ello hemos de escatimar entusiasmo. Hace un año nadie imaginó, ni en el mejor de los escenarios, que se pudiera lograr un acercamiento tan estrecho en tan poco tiempo. Así como las historias de Marco Polo inspiraron el descubrimiento de América, este viaje de Danilo Medina debe de impulsar a las generaciones venideras a descubrir nuevos caminos de desarrollo y bienestar para la República Dominicana.

Autor: Félix Lantigua