La Cacata hambrienta atrae al Maco hasta su guarida.

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Nadie en su sano juicio puede concebir que Leonel Fernández y su séquito materializarán pacto alguno para beneficiar al PRM. Luego de salir del PLD por la puerta trasera, Leonel sigue ofuscado con regresar por ocho años más a la presidencia de la república y no se imagina, ni remotamente, otro destino para él.

El PRM, la verdad hay que decirla como es, es un partido débil, de planteamientos pusilánimes, sin brújula ni mapas, ni camino. Es una organización con poca pegada y escaso arraigo social. El PRM no es una opción de poder, lo saben los perremeístas y lo sabe más y mejor Leonel.

El PRM no obró para construir una opción de poder a partir del 2016, pasó el tiempo y les trajo su factura, entonces, ante la inminente derrota que le espera a la vuelta de la esquina se encontraron en un estadio de desesperación y pesimismo que supo aprovechar como sabia cacata Leonel.

Leonel es mañoso, pero no es ningún tonto. Su estrategia ha girado en torno a hacerle creer al PRM que con su apoyo pueden ganar las elecciones de mayo del 2020, cuando lo que busca es escamotearle alguna senaduría, un par de diputaciones y quizás dos o tres alcaldías, pues esta sería la sangre para alimentar su proyecto político a partir del 2020.  Sin el PRM Leonel no puede hacerlo, incluso no es capaz de conseguir una diputación, pues se le hace cuesta arriba, una alcaldía se le convierte en una quimera y una senaduría le vendría a ser una fantasía verdaderamente imposible.

Lo cierto es que la cacata atrajo el maco hasta su guarida. Está muy hambrienta y presta para inyectar su veneno, lo atestiguan los tweets de Vinicio Primero, las rabietas de Fernando Fernández y las fábulas jurídicas de Namphi Rodríguez.

La secretaria general del PRM Carolina Mejía, al igual que una gran cantidad de perremeístas, saben que el próximo paso de la cacata es inyectarles el veneno. El país espera por el momento en que Luis Abinader y Leonel Fernández saquen valor para presentarse ante el electorado dominicano juntos, para ver a Vincho y Milagros fundirse en un abrazo, a Franklin Almeyda y Enmanuel Esquea estrechar sus manos,  es decir, para ver a Luis Abinader en la comparsa de lo que él mismo bautizó como “el eje del mal”… una verdadera fiesta de macos y catatas.