Leonel y Danilo, citados por la historia.

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La crisis del coronavirus nos exige tanto que cualquier otro tema resulta vacuo, extemporáneo, insignificante. No obstante, alguien tiene que ponerle el cascabel al gato, aguantar un racimo de palos morales e insultos por tocar el tema y apresurarse a decirlo: el mundo se aproxima a una recesión económica sin precedentes, una recesión que le queda grande a políticos sin experiencia de Estado o sin un historial de éxito privado que lo valide.

Las complicaciones que se avecinan, una vez superada la crisis del coronavirus (con Dios que la vamos a superar) pueden cobrarse más vidas a mediano y largo plazo que esta terrible pandemia, y también pueden ser más traumáticas. Diría Stefan Zweig que este es un “momento estelar de la humanidad”, y resulta que en los momentos estelares sólo los auténticos líderes tienen el tonelaje preciso para deponer lo que como individuos desean ante lo que su pueblo necesita.

Si el Partido Revolucionario Moderno (antiguo PRD) llega a gobernar los destinos del país en medio del complicado panorama social y económico  que ya nos toca la puerta, entonces lo que pasó en el gobierno de Jorge Blanco o en el de Hipólito Mejía será un chuflay en comparación con lo que a los dominicanos les tocará vivir.

Todo el mundo tiene aquí sus preferencias políticas, y eso está bien, pero también todo el que tiene dos dedos de frente sabe que en este momento se requiere de talento para lidiar con lo que viene, se requiere de experiencia de estado, se requiere madurez, sensatez. La situación que trajo el COVID-19 pondrá a prueba aquellos hombres y mujeres que verdaderamente aman a su país.

Es el momento preciso, en consecuencia, para que Danilo Medina y Leonel Fernández se pongan de acuerdo, ya que de lo contrario, si un destino espantoso fuera producto de sus desavenencias, la historia le pasará cuentas y sus respectivas conciencias les quitarán el sueño.

La historia está citando a Danilo Medina y a Leonel Fernández, los está convidando a demostrar, una vez más, que sus liderazgos están a disposición de su país. Las actuales circunstancias parecen dejar claro que cualquier malquerencia entre ellos nunca puede pesar más que el bienestar del pueblo dominicano, la historia los está citando porque si son dos discípulos del Profesor, de Bosch, entonces lo que los une es más fuerte que aquello que los separa.

Si Danilo y Leonel le dan la espalda a su compromiso de servirle al pueblo dominicano, como padres, como bochistas; si dan la espalda y el orgullo y sus divergencias circunstanciales pesan más en ellos que la crisis y el hambre que llegará a sufrir este pueblo sin un liderazgo confiable que lo saque con bien del terrible mal que se avecina, entonces ese será el legado final que dejarán a su pueblo. No hay dudas de que todo aquello que construyeron perecerá, que muy poco o nada de cuanto soñaron quedará en pie. Sus críticas posteriores en nada aliviarán el tedio de la gente, porque aquí y ahora es el momento para actuar, para asumir el delicado compromiso que le imponen los tiempos.

Al igual que en el año 1996 estamos frente a dos caminos: uno bueno que nos mantiene en el carril del progreso y del incremento y la consolidación de la clase media; y uno malo que nos retrotrae a suicidios, a pactos con el FMI y a crisis financieras. Sobre el pueblo, pues, pende la espada de Damocles, el reloj avanza y el de Río Verde los observa atento desde el Cementerio Ornamental de La Vega, confiado en que pronto se producirá el abrazo unificador que encarrile al pueblo por ese buen camino que todos merecemos y anhelamos transitar.

Ing. Félix Lantigua