¡Ojo! Así usa tus datos personales FaceApp, la app que envejece tu rostro

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En los últimos días se ha popularizado en redes sociales como Twitter o Instagram el subir una fotografía de uno mismo envejecido, que trata de imitar cómo seremos cuando sobrepasemos la tercera edad. Seguro que habéis visto cómo muchos de vuestros contactos han publicado imágenes de este estilo y quizá vosotros mismos lo hayáis hecho también, movidos por la seguridad.

Hay quien lo ha llamado «el último reto viral», aunque en realidad no se trata en esta ocasión de ningún reto, sino más bien del resultado de emplear una aplicación móvil que tampoco tiene nada de novedosa. Se llama FaceApp y lo cierto es que ya fue muy popular hace dos veranos.

Sin embargo, como todas las modas vuelven -y en Internet el tiempo parece pasar más rápido que en la vida real-  FaceApp no ha necesitado el paso de décadas para volverse a poner de moda, como los pantalones de campana, sino que en sólo dos años ha vuelto a ganar una asombrosa popularidad. El hecho de que algunos personajes famosos la hayan empleado en los últimos días y hayan compartido sus fotos en las redes sociales ha contribuido, sin duda.

También hay que reconocer que es divertida, y que a uno le llama la curiosidad saber cómo será en el futuro. Su funcionamiento es sencillo; tan sólo hay que subir una imagen que tengamos en el carrete de nuestro teléfono móvil o tomar una nueva con la cámara, aplicar un filtro envejecedor y listo. El resultado es una recreación de cómo seremos de mayores y se puede compartir en forma de publicación en redes sociales.

Por supuesto, para emplear la aplicación es necesario aceptar sus normas. El usuario, motivado por las ansias de utilizarla, de satisfacer ese gusanillo de la curiosidad, y sabedor de que sus amigos ya la están empleando, suele aceptar las Condiciones de Uso de la aplicación sin ni siquiera reparar en lo que está aceptando. Después pueden venir los lamentos.

Cada vez que empleamos una app gratuita estamos «pagando» con nuestros datos personales, eso deberíamos tenerlo claro. Al aceptar los Términos de Servicio de la mayoría de las apps, estamos permitiéndole su uso. En el caso de FaceApp, esta cesión va un poco más allá, puesto que recoge expresamente en sus Condiciones de Uso que esa información podrá ser cedida a empresas colaboradoras, del mismo grupo al que pertenece la firma desarrolladora y a terceros que se conviertan en «afiliadas» suyas.

Es decir, cualquier compañía que quiera comprar esos datos personales a Wireless Lab, la empresa rusa que está detrás de la creación de FaceApp, tan sólo tiene que firmar un contrato para convertirse en «su afiliada» y tener acceso a la información personal que, alegremente, lo usuarios están compartiendo.

Hay que tener en cuenta, además, que FaceApp no recopila datos únicamente de las imágenes que se emplean, sino también otra información como la geolocalización del individuo o el sistema operativo móvil que emplea, así como el modelo de dispositivo. Todos estos datos podrán ser compartidos con los «proveedores del servicio».

¿Quién podría querer esos datos? El hecho de simular cómo envejecerá un usuario podría ser información interesante para determinadas compañías tecnológicas. Por ejemplo, la base de datos de FaceApp podría ser utilizada para entrenar una Inteligencia Artificial que pudiera conocer cómo envejecerá cualquier individuo con determinados fines estéticos. También podría servir como una enorme base de datos de rostros que pudieran emplearse en foros y perfiles en redes sociales a sabiendas de que, al menos en la actualidad, no existe ninguna persona con esas características físicas, aunque sí parecidas.

Son muchas las maneras -lícitas o no- en las que se podría emplear esta información. Lo importante es que el usuario, cada vez que emplee una nueva aplicación, sea consciente de que podrían llegar a emplear sus datos y de que él mismo está dando el consentimiento expreso a que lo hagan. Lo más recomendable cada vez sería leer esas Condiciones de Uso y decidir si registrarse o no en el servicio, pero… ¿quién hace esto?