lunes, diciembre 8, 2025

De José Ángel Tavárez a Joel Vargas

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En el transcurso de los años en la política local hemos observado un sinfín de personajes que salen de la nada sin conocer las interioridades de los partidos políticos y se lanzan a candidaturas que están muy por encima de su perfil. Unos aspiran a senador cuando deberían aspirar a diputado, otros aspiran a alcaldes cuando en realidad deberían aspirar a regidores y otros que aspiran a regidores cuando en realidad su perfil no conecta para ninguna candidatura.

Compartiendo con amigos que filosofamos de política, hemos determinado que un gran porcentaje de las personas que incursionan en perseguir candidaturas, padecen de un síndrome que hemos denominado “El síndrome del político”, que no es más que la creencia de ciertas personas en considerarse superiores. Es como una combinación de megalomanía y narcisismo con el agravante de que la grandeza que ellos entienden tener es totalmente ficticia. Eso, acompañado de que normalmente estos personajes han comenzado a ganar algo de dinero, se rodean de adulones que a menudo les dicen “Mi diputado”, “Mi regidor”, “Mi síndico”, frases que se convierten en irresistibles para ellos, fruto de su gran vacío existencial que pretenden llenar sintiéndose importantes.

Es por esto que hemos observado personajes que salen a aspirar con todos los cañones, gastando el más mínimo centavo que han conseguido, regalándoselo a un grupo de vividores que solo esperan un tonto para desangrarlo. Salen sin estructura, lejos de los sistemas partidarios que operan en la política local, pierden y después nadie vuelve a saber de ellos, aun cuando aparecen personas como yo que les dicen las cosas tal y como son.

Todos conocemos el caso de José Ángel Tavares. Lo embobaron, lo pelaron, le vendieron el sueño de que era un líder y cuando se contaron y abrieron las urnas se encontró con 500 votos válidos. Es quizás el precio más caro por voto que se ha pagado en la historia de la política local. Perdió tanto que después de ahí nadie jamás ha vuelto a saber de él. Otros personajes que podemos destacar son Benedicto Reynoso y muchísimos más que han aspirado a todo tipo de puestos electivos sin ningún tipo de posibilidad.

Ahora aparece el caso del Dr. Joel Vargas y a plena luz parece que la historia de José Ángel volverá a repetirse. Ha planteado que su deseo es ser candidato a alcalde del PRM en La Vega, pero sus dificultades parecen del tamaño del cielo. Nadie en su sano juicio puede pretender alzarse con una candidatura de ese tipo si no cuenta con el apoyo de Kelvin Cruz, Agustín Burgos o con el equipo de Hipólito Mejía. Es necesario pertenecer a uno de estos grupos para que al menos te vean como un candidato serio y que ese grupo lo abrace como su único candidato.

Pero al parecer la conciliación y la buena convivencia son cualidades que el Dr. Vargas no tiene. Inició como una persona del equipo de Agustín Burgos y terminó peleando con Agustín. Después estuvo con Carolina Mercedes y terminó peleando con ella. Luego estaba con Guido Gómez Mazara y pelea con Guido. Lo último que supimos es que estaba con la vice Raquel Peña, pero se desconoce el estado de esa relación.

Todo es tan simple como aprender a conocerte, saber cuáles son tus fortalezas y cuáles son tus debilidades, pero dice un amigo que el sentido común es el menos común en algunos políticos.

Con el hecho de que un pequeño grupo te diga “Mi alcalde” ya tú entiendes que eres el fenómeno y ahí se visualiza nueva vez el síndrome del que hablamos al principio.

Un político que acaba con su partido, acaba con sus autoridades, enfrenta a todos los grupos, desobedece la línea partidaria, ¿de qué manera entiende que puede mínimamente pensar que sería una opción real? No es parte del gobierno, no tiene participación, no conoce los miembros inscritos del PRM. Es sin dudas una cruzada que solo quienes lo adulan, ordeñándolo como una vaca, entienden que puede alcanzar.

Los días pasarán. Dice el gran amigo Hugo Núñez que hay dos cosas que no se pueden esconder: la barriga de una embarazada y el resultado de unas elecciones. Al final volveré por aquí con la única frase que nadie quiere escuchar: “¡Te lo dije!”

Félix Lantigua

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